“…Si los libros, termostatos, refrigeradores, paquetería, lámparas, botiquines, partes automotrices, entre otros, estuvieran conectados a Internet y equipados con dispositivos de identificación, no existirían, en teoría, artículos fuera de stock o medicinas caducas; sabríamos exactamente su ubicación, cómo se consumen en el mundo; el extravío sería cosa del pasado, y sabríamos qué está encendido y qué está apagado en todo momento. Internet de las cosas tiene el potencial de cambiar el mundo, como hizo Internet en su momento. Tal vez aún más”.
Kevin Ashton, considerado el creador del término Internet de las cosas
Se ha popularizado en el mundo la definición de Internet de las cosas (IoT, Internet of Things) como la agrupación e interconexión de dispositivos y objetos a través de una red (Internet) con el fin de intercambiar datos que, dado un adecuado análisis, permiten tomar decisiones. Coloquialmente se considera a IoT como una tecnología o la simple conectividad entre objetos físicos, pero realmente abarca la conexión de personas, procesos, datos y cosas. Lo que se quiere decir es que se debe pensar en IoT como un nuevo paradigma, una concepción de la realidad que va más allá de la mera tecnología, aunque por supuesto están necesariamente relacionados.
El título del presente artículo es una licencia que se autoconcede su autor para enfatizar el término IoFA (Internet de los activos fijos o Internet of Fixed Assets) y definirlo como la conexión inteligente que busca hacer más eficientes los procesos asociados al ciclo de vida de los activos, buscando el crecimiento de la empresa y el logro de los objetivos del negocio. Esto significa una enorme transformación en todos los niveles, desde la gestión, logística, administración, cadena de producción y mantenimiento, entre otros. Es en últimas una subcategoría del IoT, semejante a otra denominada IIoT (Internet industrial de las cosas). Todas tienen en común que se componen de los siguientes elementos:
Cuando se dice que la transformación es a todo nivel se quiere precisar que todas las áreas de la compañía deben interrelacionarse o comunicarse, pero no de la manera retórica tradicional. Existen los siguientes tipos de conexiones: M2M (machine to machine o máquina a máquina), M2P (machine to people o máquina a persona) y P2P (people to people o persona a persona).
Imaginemos una situación en la cual una empresa pueda conocer en cualquier instante y en tiempo real la ubicación de sus activos fijos, detectar sus traslados o movimientos, identificar sus custodios o tener un reporte de su operación (horas trabajadas, páginas impresas, kilómetros recorridos, unidades producidas). El Área Administrativa tendría un inventario actualizado cuando lo desee, permitiéndole detectar (y minimizar) las diferencias que usualmente se generan entre la realidad física y la contable. Todas las novedades se registrarían automáticamente manteniendo al día la información económico-financiera requerida por la Dirección. Los propios activos no solo informarían el estatus de sus pólizas de seguros, garantías bancarias y obligaciones tributarias, por ejemplo, sino que se encargarían de gestionar su actualización siguiendo los procedimientos respectivos.
De manera simultánea, consideremos al Área de Operaciones utilizando IoFA para conseguir estándares de mayor producción, disponibilidad, aseguramiento, calidad, eficiencia y/o rentabilidad, así como al Área de Mantenimiento migrando de modelos puramente preventivos hacia unos predictivos e incluso autocorrectivos. Que el sistema pudiera pronosticar un fallo y se encargue de buscar una solución, la cual podría ser, entre otras, conseguir el repuesto; de hecho, en escenarios altamente automatizados, un robot podría encargarse de sustituirlo. Un activo podría comunicarse directamente con su fabricante e informarle si tiene algún fallo y de qué tipo, para activar inmediatamente el servicio de garantía. Como lo predijo Kevin Ashton, no volverían a presentarse problemas de stock en materia prima, producto terminado, suministros, almacén de repuestos, activos de respaldo, etc.
En las oficinas administrativas los datos permitirían analizar hábitos de conducta e interacción del personal para diseñar la distribución de los puestos de trabajo. Los edificios serían autónomos y podrían controlar de forma independiente, por ejemplo, su sistema de iluminación, de vigilancia, optimizar el uso de la energía, monitorear el sistema contraincendios y utilizarlo en caso de conato, ejecutar un plan de evacuación en caso de temblor, etc.
Debe aclararse que los datos a analizar no vienen solamente del interior de cada organización, sino que pueden obtenerse de cualquier otra fuente externa y así multiplicar las posibilidades de aplicación. Por ejemplo, la determinación de la vida útil de un tipo de activo basado en la información del mismo bien en miles de empresas alrededor del mundo. Una compañía podría hacer un análisis de indicios de deterioro del valor de los activos (bajo Normas Internacionales de Contabilidad) basado en datos y experiencias de otras con activos iguales y circunstancias comparables.
El IoT es uno de los cimientos fundamentales de la revolución industrial 4.0. No es ciencia ficción sino una realidad que se nos presenta a la vuelta de la esquina y que tenemos que aceptar y aprovechar. Lógicamente, hay que avanzar en algunos aspectos que hoy tienen limitaciones, especialmente en países en vía de desarrollo, entre ellos mejorar la fiabilidad y velocidad de las conexi0nes, lograr la estandarización y masificación de los protocolos de comunicación, garantizar el suministro de energía para los dispositivos y para las aplicaciones, y solucionar los problemas vinculados a la seguridad. En el aspecto puramente humano, el reto es encontrar respuestas para la infinidad de empleos y ocupaciones que van a quedar obsoletos, y buscar un cupo dentro de la nueva realidad.
